Isabel de Saint Malo de Alvarado habla sobre equidad social

 Foto: Jihan Rodríguez

Foto: Jihan Rodríguez

A principios de noviembre, la vicepresidenta Isabel de Saint Malo de Alvarado recibió un Premio de Negocios Bravo en Miami, otorgado por el Consejo de las Américas. Este reconocimiento resaltó la gestión de Panamá en materia de equidad de género y la adopción de la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

De Saint Malo de Alvarado nos recibió en su despacho en la Cancillería para hablar sobre el reconocimiento y el trabajo de Panamá hacia la equidad social.

Una de las razones por las que recibió el Premio de Negocios Bravo fue la aplicación de la Ley 56 de 2017. ¿En qué punto se encuentra esta ley?

El reconocimiento que recibí fue como Líder de Innovación, y ellos lo orientaron hacia algunas cosas que se han hecho de manera diferente.

Diría que podemos indicar pilares, como el tema social, cómo se ha abordado la lucha contra la pobreza, la adopción de la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y muy específicamente el tema del género, y ahí viene lo que tú planteas de la Ley 56.

En esta gestión hemos trabajado muchísimo el tema de la participación de la mujer en el desarrollo en general. Soy una fiel convencida de que los países tienen que incorporar a las mujeres para avanzar de manera más acelerada en la lucha contra la pobreza y en superar las inequidades.

La ley fue aprobada, reglamentada, y entró en vigencia este año. Tiene un período transicional de tres años, con lo cual deberíamos esperar ese 30% de participación de las mujeres en juntas directivas al final de esos tres años.

Hablemos de dos creencias generalizadas: las mujeres no quieren participar en altos cargos, y si una mujer puede, las otras también,y no se necesitan incentivos como los sistemas de cuotas. ¿Qué opina de esto?

Creo que las mujeres sí quieren. Si miras en el ámbito económico, empresarial y político, hay muchas mujeres que se han destacado en este país por años, y creo que las mujeres están dispuestas e interesadas, y hay que buscarlas.

Con relación a lo segundo, he cambiado con el tiempo mi pensamiento con relación a las cuotas. Originalmente no era una fiel creyente de las cuotas, porque, en efecto, siento que si la selección es por mérito -y así debe ser-, ¿por qué vamos a poner una cuota? Al final debe seleccionarse a quien más capacidades tenga.

Pero la experiencia me ha demostrado que, en ocasiones, incluso puedes tener mujeres más capacitadas, pero ellas tienen menos oportunidades de participar. Las cuotas son necesarias para un período transicional. Ojalá pronto no sean necesarias, pero sí lo son mientras no lleguemos a un momento de mayor equidad en términos generales.

Uno de los programas de su gestión fue el de Mujeres Líderes Emergentes del sector público. ¿Qué logros tuvo?

Fue un proyecto muy bueno con el que se identificaron a aquellas instituciones del sector público donde hay menos mujeres en niveles de toma de decisiones. Creo que la Cancillería fue la excepción, y fue porque impulsé mucho el programa; en la Cancillería sí hay muchas mujeres a nivel de dirección.

El programa giraba alrededor de empoderarlas, impulsarlas a tomar posiciones de liderazgo y asumir el reto. Creo que fue positivo y el proyecto continúa.

¿Cómo se vence el mito de que las mujeres no están capacitadas para altos cargos?

En el caso de Panamá, los ejemplos sobran. De las universidades panameñas, hace muchos años, se gradúan más mujeres. Cuando entras a las empresas tú las ves desempeñándose. Quien no lo vea es porque no lo quiere; esa es una realidad en este país hace mucho tiempo.

¿Qué retos ha tenido que superar para llegar a una alta dirección?

He tenido muchas oportunidades en mi vida, y anhelo que todas las mujeres de mi país tengan las mismas oportunidades que los hombres.

Vengo de un hogar donde, para mi mamá y mi papá, mi formación y la de mi hermana siempre tuvo la misma importancia que la de mi hermano. No necesariamente es así en todos los hogares.

Hice una buena parte de mi carrera profesional en Naciones Unidas, que promueve el tema de la equidad. Entonces es una organización donde es impensable que mujeres reciban un salario distinto a un hombre por el mismo trabajo. Aun así, eso pasa en Panamá.

Tienes muchas veces a un hombre y una mujer haciendo el mismo trabajo y el hombre gana más. Yo creo que esto está vinculado al tema cultural, a esa percepción equivocada de que el hombre es el proveedor, y digo equivocada porque en este país muchas mujeres son pilares de su hogar y soporte financiero, pero hay todavía que visibilizar más el tema y hacer incidencia. El tema de la equidad no es solo sobre género, es un tema de equidad en todo el sentido de la palabra, y es lo que quisiera transmitir y reforzar. Hay que hablar de equidad e inclusión en términos amplios.


Una versión de este artículo fue publicado en Revista Ellas.