24 horas en Santiago de Chile

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Definitivamente un día no basta para absorber la energía de Santiago de Chile, pero puede ser suficiente para recorrer algunos de los principales sitios de interés de la ciudad.

Cuando recibí la confirmación de que iría, lo primero que hice fue buscar los lugares más icónicos y armé un itinerario con el plan de ir a la mayor cantidad de lugares posibles en menos de 24 horas.

Para aprovechar al máximo el tiempo, escogí dos zonas de la ciudad: el centro histórico y el Barrio Lastarria. El recorrido comenzó en el Palacio de La Moneda, la sede del presidente del país, y terminó en el Barrio Lastarria, reconocido por su movida cultural activa, y en el centro comercial Costanera City Center, en Providencia.

La capital chilena, además de tener una creciente ola cultural y posicionarse como una de las principales ciudades de América del Sur, tiene un sin fin de actividades para todo tipo de gustos. Una caminata por las calles cerca de Avenida Providencia funciona para sentir la vibra de la ciudad, que se mezcla con el verde de sus parques y la energía de los cientos de ciclistas y transeúntes que van de un lado al otro.

Pero lo más refrescante es, sin duda, la vista de la Cordillera de los Andes, que siempre está a la vista entre los altos edificios modernos del área metropolitana.

 

La Moneda

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Empecé el día en el Palacio de La Moneda, la sede del presidente de Chile. Una bandera gigante se alza frente a este imponente edificio gubernamental, que también alberga otros ministerios estatales. La mejor vista se tiene desde la plaza que se encuentra al otro lado de la calle, desde la que se puede ver el monumento en su totalidad.

La plaza central

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La Plaza de Armas es tal vez uno de los sitios más emblemáticos del centro de Santiago. Está rodeada por algunos de los sitios más importantes de los alrededores: la Catedral Metropolitana de Santiago, el Museo Histórico Nacional, el edificio de Correo Central y la Municipalidad de Santiago.

En su momento, fue el corazón del Santiago de la época colonial y hoy en día se posiciona como el núcleo del centro histórico de la ciudad. Fue uno de mis lugares favoritos, ya que me recordó mucho a Panamá y nuestra Plaza de la Independencia, en Casco Antiguo. La mayoría de las ciudades latinoamericanas compartimos una plaza central con una estructura similar. Lo mismo pasa en el Zócalo de Ciudad de México o la Plaza Bolívar de Bogotá.

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Además de los monumentos históricos, desde la plaza se puede ver una majestuosa combinación de historia y modernidad. Los edificios de cristal que se alzan alrededor son un complemento que mezcla lo mejor de las dos caras de Santiago.

Un edificio con dos museos

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Tengo la costumbre de ir al menos a un museo cuando visito un lugar nuevo. En esta ocasión visité dos: el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC). Ambas instituciones comparten un mismo edificio, que se encuentra al lado del Parque Forestal, una verdadera joya natural en el centro de la ciudad.

Entre por el MAC. El jardín frente a la fachada de esta parte del edificio tiene un caballo de Botero que le da la bienvenida a los visitantes entre un pasillo lleno de árboles y pasto, que en este momento se encuentran de un color verde vibrante gracias al verano que se acerca a Santiago.

Dentro del museo tienen exposiciones permanentes y temporales. Varios salones exponen piezas de artistas chilenos e internacionales que hablan del desarrollo del arte en el país.

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Para llegar al MNBA hay que cruzar un pasillo que dirige al imponente foyer con techo de cristal, tal vez una de las vistas más características del edificio. En medio había una exhibición de esculturas que recreaban los trabajos más característicos de la historia del arte. Así como el MAC, el Museo Nacional de Bellas Artes también tiene varias salas en las que se muestra parte de la historia del país a través de la pintura.

Me llamó mucho la atención la manera en la que se manejan estas instituciones en los tiempos modernos. Las exhibiciones eran interactivas. Los asistentes podían tomar fotos y subirlas a sus redes sociales con un hashtag, para correr la voz al mundo sobre lo que pasa allí. Es increíble.

Un dato relevante: el MNBA fue el primer museo de arte en América Latina. Se fundó en septiembre de 1880 en el antiguo edificio del Congreso Nacional de Chile. En 1910 se mudó a su edificio actual. Es uno de los sitios más importantes para el arte chileno.

 Fachada del Museo de Arte Contemporáneo.

Fachada del Museo de Arte Contemporáneo.

Un barrio pintoresco

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Antes de ir a Santiago, le pedí recomendaciones a una amiga que vive la ciudad. Uno de los sitios de los que me habló fue el Barrio Lastarria. Este fue tal vez uno de los momentos que más esperaba durante el día.

Lastarria está a un costado del centro histórico. Toma su nombre de una calle que atraviesa el barrio de edificios pintorescos y con vibras relajadas. Los colores vibrantes de los muros juegan con los de la vegetación que se encuentra por casi toda la acera. Es común ver cafeterías o restaurantes llenas de gente. Eran las 16:00 de la tarde (hora Chile) y las calles estaban repletas.

Es un barrio artístico. Eso se puede saber gracias a los artes que llenan algunas paredes de localidad.

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Edificio icónico

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De Lastarria me moría por conocer este lugar: el Museo de Artes Visuales. Es uno de los primeros sitios que vi en Instagram mientras buscaba los sitios que quería conocer en Santiago. Su fachada tiene un follaje que indica el paso de las temporadas. Las hojas que cubren la parte posterior del edificio cambian según el clima. Por suerte, en esta ocasión el verano ya está entrando y por eso el verde espléndido que tienen.

Frente al museo hay mucho arte. Vendedores se sientan en la calle peatonal para vender piezas a los turistas u ofrecer creaciones de bisutería a quienes se acercan al lugar.

Mar de libros

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Cuando llegué a la Librería Ulises me sentí en un sueño del que no quería despertar. Los estantes cubren toda la pared y los espejos del techo le dan una sensación de infinidad. Yo quería quedarme nadando en este mar de libros, pero la visita se hizo corta porque el día estaba acabando y había llegado el momento de ir al siguiente lugar.

Aún así logré ojear algunos de los títulos que tenían entre sus paredes.

Por los últimos meses he estado leyendo mucho sobre estudios de género. Increíblemente en Chile este es un tema del que se habla mucho, tanto que incluso tienen una sección especial con esta temática.

Feminismos, teoría queer y mujer eran algunas de las palabras que se leían entre los nombres de los libros que revisé. Alcancé comprar uno. Fue la única compra que realicé en todo viaje, además de la comida del día. Salí de la librería con la sonrisa de un niño de cinco años al recibir todos los juguetes de su lista de Navidad.

 

Una vista de la ciudad

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No podía irme de Chile sin tener una vista de la ciudad de Santiago. Quería subir al piso 66 de la Gran Torre Santiago, la torre más alta de la ciudad, en Costanera City Center, pero el presupuesto no dio para pagar la entrada, que es de $20 dólares más o menos. La otra opción fue ver los edificios desde la terraza del food court del centro comercial. No es lo mismo, pero igual se sintió espectacular. La foto es de la vista que tenía en ese momento.

Eran casi las 19:00 horas y el sol brillaba como a las 4 de la tarde de Panamá. Era mi primera vez en otro huso horario y no me acostumbraba a la idea de estar dos horas adelantado. ¡Ahora imagínense si algún día me toca viajar a Europa!

Una opción aún mejor para ver bien el skyline santiaguino es subir uno de los dos cerros que se encuentran en el centro de Santiago: el Cerro Santa Lucía, que tiene una fuente espectacular, y el Cerro San Cristobal, al que se puede subir en funicular o teleférico.

Al terminar el día quedé molido. Tuve que ir a dormir temprano para recargar energías, pero creo que valió la pena crear un plan para conocer una parte de Chile en menos de 24 horas.